"Es que yo pido y no me llega". Lo escucho mucho, y casi siempre encuentro los mismos tres errores de idioma. El universo — llámalo energía, subconsciente o como prefieras — entiende un lenguaje muy concreto.
"Que no me falte el dinero" tiene la palabra falta dentro. "Quiero dejar de estar sola" refuerza sola. Se decreta en positivo y en presente: "el dinero fluye hacia mí", "atraigo compañía que me hace bien".
Las palabras sin emoción son papel mojado. El truco: visualiza tu deseo cumplido hasta que se te escape una sonrisa. Esa emoción es el sello del decreto.
Decretas por la mañana y por la noche repites "esto no va a pasar". Cancelado. Decretar es sembrar: se riega con confianza y se le da tiempo, no se desentierra la semilla cada día para ver si crece.
Y el momento ideal para pedir, ya lo sabes: luna nueva. Calendario en esta web.
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